Niña que vivía con monos es encontrada en un bosque en la India

Una de las herramientas cognitivas que más nos distingue a los humanos es la repetición. Nacemos en un espacio-tiempo determinado donde la cultura circundante, por medio del primer círculo social, la familia, nos forma importantemente. Mucho se ha ahondado sobre hasta qué punto somos información genética, o más aún, resultado de la cultura.

Y en este debate infinito el fenómeno de los niños ferales (wild child) ha sido muy influyente. Los niños ferales crecen aislados, generalmente con animales o solos. Si lo más lógico sería que un niño que crece solo, por instinto-genética aprendiera a caminar (quizá no a hablar) pero si a recurrir a comportamientos que consideramos naturalmente humanos, estamos equivocados: numerosos casos en la historia muestran que los niños que creen con animales se comportan como ellos, en un proceso de aprendizaje de imitación, el cual sí parece ser un recurso propiamente humano en nuestros primeros años.

En la mitología tenemos el icónico caso de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, amamantados por una loba, o bien, Zeus, del Panteón Griego, que según una de las versiones fue criado por una cabra llamada Amalthea. En la historia reciente está el caso de Rochom P’ngieng, hallada en el 2007, y quien vivía como una salvaje, sola, en el bosque, y quien, por cierto, nunca pudo adaptarse a la vida social.

En enero pasado, fue encontrada una niña de entre 10 y 12 años en un bosque al norte de la India. Esta niña vivía con un grupo de monos y fue hallada actuando como uno de ellos: corría y caminaba con sus 4 extremidades, no habla, estaba desnuda y comía del suelo haciendo uso únicamente de su boca. Fue encontrada primero por un grupo de leñadores, quienes intentaron rescatarla, pero fueron atacados por los monos. Llamaron entonces a la policía y un oficial la rescató, mientras los monos perseguían el auto.

A diferencia de otros casos, esta niña (cuyos familiares aún no han sido identificados), hoy se encuentra en un hospital en el pueblo de Bahraich, en el estado de Uttar Pradesh, y ha mostrado indicios de adaptación. Luego de un tratamiento de meses ya ha comenzada a caminar en dos piernas y a comer con sus manos, también entiende y sonríe, aunque aún no habla, lo que muestra que en algún momento de su vida tuvo contacto con el lenguaje.

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