Meros impulsos electrónicos que jamás resolverán los problemas de la especie.

LAS  BASES RELIGIOSAS DE LOS SEÑORES DEL DINERO    
     

En el análisis del mundo globalizado, tomamos un modelo de interpretación de la globalización en forma de cubo con caras, aristas y vértices, elementos que se interrelacionan y generan las distintas tendencias de la Globalización. Sobre ese cubo, sobre la cara que representa a los “beneficiarios de la globalización” se sitúa un tronco de pirámide en el que están organizados jerárquicamente. En la cúspide de ese tronco de pirámide se sitúan unos principios que rigen todo el conjunto.

Antes hemos dicho que la pirámide situada sobre la cara del cubo que representa a los beneficiarios de la Globalización no es tal porque en la cúspide no se sitúan personas, sino una doctrina muy concreta. Esa doctrina es la que inspira a todo el conjunto. En el Egipto antiguo, la cúspide de la pirámide estaba radicalmente diferenciada del resto de la misma hasta convertir lo que estaba bajo ella en un tronco de pirámide, tal como el que hemos enunciado. A la pirámide real situada en la cúspide se le llamaba “piramidión” o  “piramidón” y era una pieza homogénea, tallada en un solo bloque que frecuentemente se recubría de oro o de algún otro metal noble o aleación de ellos. Se decía que ése era el lugar donde se posaba Amón-Ra en tanto que punto de encuentro entre el Cielo y la Tierra.
En nuestro modelo representativo de la Globalización el “piramidión” se sitúa en la parte superior. Es completamente inmaterial: se sitúa no tanto en el mundo platónico de las ideas como en el mundo de la psicología. Representa un conjunto de ideas que se hipostatizan en las distintas élites beneficiarias de la globalización que hemos analizado ya en el capítulo anterior. Les imbuyen valores, objetivos y mecanismos mentales hasta el punto de que podemos afirmar que los beneficiarios de la Globalización han sido esculpidos por tales valores, son éstos los que les han dado forma y quienes están presentes en cada uno de sus actos, como si se tratara de valores religiosos. De hecho, constituyen una nueva religión, con sus dogmas, sus mandamientos, sus sumos sacerdotes, su jerarquía, sus letanías (o mantras) y todo aquello que se encuentra en cualquier construcción religiosa. Ésta es otra, sólo que invertida (luego, en la conclusión, volveremos a este orden de ideas).

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