Las cosas más bonitas ni se ven, ni se tocan… Se sienten

Muchas veces podemos subestimar nuestra capacidad de percibir nuestro entornos, limitándonos solo a aquello tangible, a aquello que podemos ver, que se nos muestra, que está al alcance de nuestras manos, sin embargo, aunque podamos apreciar cosas espectaculares a través de nuestros sentidos, la mayoría de nosotros podría coincidir en que las cosas más bellas, solo se pueden sentir con el corazón.

Las cosas que realmente nutren nuestra alma, que son las que acumulamos como experiencias gratificantes, que nos sirven inclusive de soporte cuando perdemos fuerzas para continuar, son sin duda aquellas que nos hacen sonreír desde lo más profundo, desde donde percibimos lo esencial, lo que nos caracteriza realmente, lo que nos conecta como un todo.

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No son los ojos, sino las miradas…

Las miradas se dicen que son el lenguaje de las almas, que más allá de los ojos y de lo que se aprecia, son ellas las que realmente transmiten el mensaje más sincero. Una palabra acertada, ese abrazo cálido, un simple silencio pero en presencia de quien nos ama, nos puede hacer sentirnos más protegidos que un batallón de guerra completo.

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Tenemos mucha facilidad de enfrascarnos en situaciones que no nos generan bienestar, podemos darle vueltas en nuestra cabeza una y otra vez a pensamientos que nos hacen daño, sin sentirnos en la capacidad de silenciarlos y solo darle paso a esa parte de nosotros que no necesita pensar, que tiene la sabiduría que necesitamos para resolver y percibir todo lo importante.

Solo basta con darnos la oportunidad de apreciar los detalles, de distanciar nuestros pensamientos cargados de miedos, de juicios, de críticas, y proponernos percibir qué nos trae cada momento, qué nos dice el otro más allá de sus palabras.

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La belleza no está en lo que se mira… sino en quien mira

Y es que como vemos el mundo, no es nada diferente a lo que predomina en nosotros, por eso si solemos quejarnos de nuestro alrededor, es momento de hacer una pausa y mirar adentro, de seguro habrá muchas heridas por sanar, muchos perdones que otorgar y especialmente un despertar latente, esperando que cambiemos nuestra manera de apreciar la vida, dejando atrás el ego y abriendo solo los ojos del corazón.

No esperes que el tiempo transcurra para darte cuenta de dónde estaba lo importante, lo esencial, lo trascendente… dónde realmente estaban las cosas bonitas, las que llenan el alma, las que nutren y siembran, siente, cierra tus ojos y siente… tienes millones de bendiciones a tu alrededor y seguramente notas solo unas cuantas o en el peor de los casos, ninguna. La vida en su totalidad es hermosa, solo hay que saber mirarla.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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