La pasión nos hipnotiza

Si existe algo que mueve al ser humano por dentro es tener una pasión. Dentro del concepto pasión, puede existir una gran diversidad: para algunos su pasión es la pintura, para otros la historia, la música, las plantas, la psicología… No importa de que se trate, lo que de verdad importa es que sea algo que nos haga fluir, estar en el presente, querer superarnos.

La sensación de estar inmersos en nuestra pasión es tan placentera que la falta de ella puede incluso llevarnos a la tristeza más profunda. Cuando tenemos una pasión, ponemos todas nuestras energías y atenciones en lo que estamos ejecutando, olvidándonos momentáneamente del mundo.

Entramos entonces en lo que se conoce como estado de flujo o de flow, concepto acuñado por el conocido psicólogo Mihály Csíkszentmihályi. Cuando fluimos con la actividad que nos apasiona, nos encontramos absortos en lo que hacemos, casi hipnotizados. Entramos en un estado de motivación intrínseca en el cual nos sentimos hábiles, entusiasmados, libres y comprometidos con lo que tenemos entre manos.

El ego desaparece por completo, ya que nuestras sensaciones temporales, como los horarios, la comida o el yo, suelen ignorarse por completo.

Pareja bailando

¿Quién no ha comenzado a realizar algo que le encanta a una hora determinada y cuando se viene a dar cuenta han pasado cinco o seis horas y ni se había percatado? Esta es la sensación de la que hablamos, esa especie de hipnosis que nos produce un intenso placer.

Tu pasión te hará feliz

En muchos momentos de nuestra vida podemos encontrarnos profundamente desdichados, tristes, con el ánimo por los suelos. Albergamos pensamientos sumamente negativos, ya sea sobre el mundo, como sobre el futuro o nuestra propia persona. La autoestima brilla por su ausencia, creemos que no servimos para nada, que no le interesamos a nadie y que esto seguirá así siempre.

Estos pensamientos alimentan nuestra tristeza y a su vez, esta emoción no nos deja ponernos en pie y emprender acciones que bien podrían ayudarnos a salir del círculo.

Por lo tanto, una de las estrategias que podemos seguir si queremos librarnos de la tristeza es encontrar un objetivo, una pasión, una meta…algo que nos haga poner cada día un pie delante del otro y seguir avanzando. El ser humano necesita una motivación para ir hacia adelante, necesita un sentido, un propósito, ya sea laboral, familiar o de ocio.

Busca ese motivo que te haga entrar en el estado de flujo, que haga que el tiempo vuele, que no te des cuenta de si fuera está lloviendo o hace sol, de si se ha pasado o no la hora de comer. Puede que al principio te cueste encontrarlo o simplemente no te apetezca llevarlo a cabo. Es algo totalmente normal si estás pasando un bajón anímico.

Mujer escribiendo una carta

Lo importante es saber que no es tan relevante como te sientas, que las emociones no tienen por qué regir nuestra vida. Tienes una capacidad muy valiosa llamada fuerza de voluntad, y gracias a ella puedes emprender las acciones necesarias al margen de que tengas o no ganas de hacerlas.

Por lo tanto, primero ha de venir la acción y poco a poco, irán llegando los refuerzos positivos del medio y cada vez estarás más motivado y tu autoestima irá creciendo porque la estás regando cada día.

Cuidado con las obsesiones

Tener una pasión no significa obsesionarse con ello. Hay que saber distinguir entre obtener placer realizando una actividad y obsesionarse con la actividad en sí misma. Existen multitud de personas que al final han llegado a obsesionarse con lo que les apasionaba: músicos, actores, deportistas de élite…y lo que ocurre es que acaban detestando todo lo que rodea a esa pasión y cayendo en el estrés, la depresión e incluso las drogas.

¿Por qué ocurre esto? Simplemente, porque estamos metiendo al ego de por medio y ahí está el error. Cuando hablamos de tener entre manos algo que nos apasione, debemos olvidarnos de querer ser los mejores, de hacerlo perfecto o de llegar a la cima. Eso es lo de menos y si nos embarcamos con esa actitud en la actividad, caeremos en la obsesión y no disfrutaremos nunca o solo cuando ganemos o seamos reconocidos.

La clave está en usar la fuerza del disfrute, que tu único objetivo sea gozar con lo que estás haciendo, sin importar si eres el número uno o el cuatro.

felices

Como hemos comentado anteriormente, la motivación intrínseca produce un bienestar psicológico que difícilmente produce la extrínseca. Con esto nos referimos a que lo que nos llene de satisfacción sea la tarea en sí misma, el disfrute de realizar algo con pasión, con esmero, por el simple hecho de hacerlo y no los reconocimientos, lo económico o el pisar al otro.

Es cierto que las gratificaciones externas nunca están de más y son agradables también, pero fluir con nuestra pasión va mucho más allá de esto y el que logra conseguirlo en su vida habrá llegado a la verdadera autorrealización personal.

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