La jubilación: ese paso muchas veces querido y a la vez temido

Muchos años trabajando, muchos días con una rutina parecida en la que como mínimo ocho horas han estado entregadas a la productividad. Una productividad para una empresa, si has sido asalariado, o un productividad para ti en caso de que hayas sido autónomo o freelance. Miras atrás y eres consciente de que han pasado los años, lo ves en tu cuerpo pero también en tu manera de pensar. Ha llegado la jubilación.

Hay personas que tiene trabajos muy duros, con los que no se han sentido satisfechos nunca y que han sufrido cada día como una especie de tortura silenciosa y agónica. Empezaron a trabajar en eso desde mi jóvenes, cuando prácticamente no había otra opción. Con más años y ya una posición asentada sí que tuvieron esa posibilidad, pero ya se sentían mayores y sin la energía necesaria para empezar de nuevo. Les habría encantado ser escritores o pilotos, pero han sido toda la vida el ferretero del barrio.

No piensan que hayan tenido una mala vida, porque lo cierto es que nunca han pasado penalidades como las que vieron o intuyeron en los tiempos de guerra o de posguerra. Sin embargo, en su hablar siempre hay esa sensación de nostalgia del que, mirando atrás, lo habría hecho todo muy distinto.

En el otro lado tenemos a esas personas enamoradas del trabajo que no quieren “morir sin las botas puestas. El mismo ferretero que en los primeros años le habría dado con una tuerca en el ojo al destino por encerrarle en aquellas cuatro paredes de luz tenue, después gracias a su carácter y simpatía terminó siendo el alma del barrio. Un lugar donde se iba a comprar, pero también a hablar y a escuchar. Así, hay enamorados de su trabajo y enamorados indirectamente de su trabajo que no quieren oír hablar del tema.

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La jubilación como un lugar de reflexión

En los que coinciden unos y otros es que en esa edad aparece un tiempo para la reflexión. Las personas que se jubilan de repente cuentan con ocho horas al día, si es alguna más, para hacer con ellas lo que quieran. Una libertad que no le sienta bien a todo el mundo y en la que hay preguntas que se pueden clavar como lanzas envenenadas. “Si me hubieran dado tiempo antes, que era joven, me hubiera comido el mundo, pero ahora con mi edad, ¿qué hago?”.

Así puede aparecer la sombra de los tiempos dorados, una tristeza por lo que ya pasó, y pasó muy rápido, y no se volverá a repetir. Una sensación que ya habían tenido hasta entonces como los rayos que se cuelan por las rendijas de la ventana, pero a la que nunca se habían expuesto con esta levantada.

Antes, cuando la mujer trabajaba en casa, la jubilación influía de manera directa solamente a uno de los miembros de la pareja. Ahora, sin embargo, muchas parejas llegan a la jubilación juntas. Esto es una ventaja en el sentido de que las posibilidades de empatía y de comprensión son mucho mayores. Ya no es la mujer la que se encuentra con que el marido pasa más horas en casa, ahora son los dos quienes tienen que afrontar el cambio de manera directa.

Esto hace que se produzca un re-diseño de las vidas de manera individual, pero que también se haga en la vida compartida, y no por el cambio en una de las vidas, sino por el cambio en las dos. Antes era más fácil que la mujer se sintiera confusa y opusiera una cierta resistencia bajo el pensamiento de que: “Porque la vida de mi marido cambie, la mía no tiene por qué cambiar”.

De pronto se podía encontrar con un marido que le proponía planes a todas horas cuando ella lo que quería era seguir haciendo la compra los Sábados y jugar a las cartas con las amigas después de comer y ver la novela. Además, por la noche le gustaba quedarse un rato sola viendo la tele y ahora no tenía ese rato ya que su marido encadenaba una película tras otra, sin que el cansancio del trabajo le invitara a dormir.

La jubilación como un lugar para planear

El refugio de estas nuevas horas libres muchas veces son los nietos. Padres que no tienen con quién dejarlos, abuelos con tiempo y con ganas de contagiarse de juventud y abuelas con ganas de alimentarles y formar parte de su cuidado hacen que las piezas encajen. Sin embargo, ahora cada vez hay menos nietos y más hijos mayores que se van de casa tarde. Así, tenemos cada vez más personas jubiladas que no cuentan con un segundo suelo de descendencia y que por lo tanto a duras penas logran ver que sus hijos son ya mayores.

Así, como antes hemos dejado caer, la jubilación no solo es un paso para la persona que lo da, sino también para todo su entorno. Por otro lado, tampoco es un paso que tenga como única fuente de influencia la conducta, sino que va asociado con un cambio de mentalidad necesario, tanto para él como para las personas que rodean al nuevo jubilado.

Algunas ideas para una buena jubilación

La jubilación tiene una gran ventaja y es la disponibilidad de tiempo. Ya hemos señalado que es la bruma que produce este, en diferentes sentidos, lo que suele provocar el terremoto emocional asociado con la jubilación. Por tanto una buena gestión del mismo será una de las mejores garantías de una buena jubilación. Hay quienes dicen que nitos sí, otros que ya fueron padres una vez y que no quieren volver a ocupar ninguna parte de ese rol. Lo mejor es que cada uno elija y tener la oportunidad de elegir.

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Por otro lado, respecto al tiempo, la jubilación también suele contar con un elemento paralelo positivo y es que los amigos, los coetáneos, suelen jubilarse al mismo tiempo. Así pueden formar un nuevo grupo de partida o planear viajes juntos, de manera que el tiempo de intimidad dentro de la pareja no crezca tanto y pueda convertirse en abrumador.

Las estadísticas dicen que después de las vacaciones se producen un gran número de divorcios. Personas que viven juntas, pero están acostumbradas a convivir poco, de pronto pasan unos días en los que tienen que pasar las 24 horas juntas. De esta amanera, lo difícilmente soportable se convierte en insoportable y la bomba estalla. Con la jubilación puede suceder algo parecido: de pronto las horas juntos se multiplican sin que haya existido un tiempo de transición.

De ahí que sea bueno que cada uno de los miembros de la pareja conserve su grupo de amigos y un número de actividades independientes, para poder respirar al “margen de”.

Siguiendo con las actividades, es bueno que la nueva programación tenga algún objetivo. Es bueno que la persona no pierda la sensación de que es productiva y útil. Hemos hablado de echarle una mano a los hijos con los nietos, pero también se pueden realizar acciones de voluntariado. Lo importante,  como hemos dicho, es mantener la sensación de utilidad.

En cualquier caso, el secreto de una buena jubilación reside en la mentalidad con la que cada uno se sumerja en ella. Si uno quiere ver razones para deprimirse las puede coleccionar, si quiere ver aquellas para la alegría también lo puede hacer. Así, hablamos de un periodo en el que la libertad aumenta y con ella, precisamente, tenemos la oportunidad de hacer grandes planes para el resto de la vida.

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