La contaminación no llega sólo desde los chem-trails.

Desde mi cuarto, el que uso para mi oficio de escritor, puedo ver el “campo” puertorriqueño, mejor dicho una selva salpicada aqui y allí por alguna casa de madera. A la derecha, lo que había sido diseñado como calle, ha sido tomado por la vegetación y la oscura cañada por donde de seguro corre agua de lluvia, permanece inaccesible gracias a la espesa maraña de plantas.

Esto podía ser, para mí, cercano al paraíso, excepto por el hecho de que mi departamento está encima de dos talleres de piezas de automóvil, alguno de los cuales esparce una especie de detergente o aguarrás industrial que huele rarísimo. Al principio no lo noté, pero luego, me dí cuenta que mis frecuentes crisis de asma sucedían después de alguna “bocanada” de ese producto que, vaporizado, entraba por mi ventana. Cabe precisar que en los 15 años que he vivido en Puerto Rico, rara vez he tenido un resfriado o algo que afectara mis pulmones, hasta que me mudé a este departamento.

6_largeAyer procedí a sellar las ventanas (en estas isla la mayoria de las casas y departamentos no tienen ventanas con vidrios, sino una especie de persiana de metal), de manera que tuve que inventar unos marcos con vidrios y pegarlos con cinta de plomeria.

Luego del sellado, mi aire pareció mejorar, pero esta mañana decidí hacer una limpieza general con un limpiador de pino y lo que saqué de los pisos fue puro alquitrán (el cual tambien debe estar en mis pulmones).

No sé si existen regulaciones al respecto, pero pareciera que aquí cualquiera puede esparcir sus venenos sin que haya ley que los detenga.

img_1821Al asomarme a la ventana esta mañana, pude ver (imagen a la izquierda) un hermoso paisaje de platos plásticos esparcidos estéticamente por más de 100 metros de grama.

Más a la derecha, alguien había botado su carga de escombros de construcción.

A esto se suman los lagos, rios y playas continuamente sucias con elementos plásticos, telas, tohallas femeninas, pañales, etc.

La isla tiene varios grupos abnegados que realizan limpieza voluntaria y las autoridades municipales que recogen la basura a diario y limpian y mantienen las zonas verdes y playas.

Aún así, esto no basta, simplemente porque una parte de la población es “puerca” y se recuesta en el trabajo de la gente que limpia, para descartar su basura por donde transitan o se quedan a realizar un pic-nic.

Hace poco leí un comentario en Facebook que decía: los boricuas son cuidadosos, los que ensucian son los turistas.

Si esto fuera cierto, cuando vas a algunos lugares de Europa, no verías paisajes donde no encuentras ni una brizna de basura.

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No son los turistas los que ensucian, sino tus propios connacionales, que se llenan la boca de amor a la patria, pero actúan como engreídos e ignorantes.

Esto implica que la cuestión de la preservación ambiental no está reservada sólo a hechos como los chem-trails, contaminación industrial, etc. sino también a la actividad irresponsable de una parte de los 7.000 millones de habitantes del planeta.

Creo que hay varios niveles de lucha en nuestra realidad actual.

Una de ellas está dirigida a liberarse de una creación cruel y su caprichoso dios.

Otra hacia los estragos de los gobiernos y corporaciones.

Y por último, tal vez la más peligrosa: el ataque al medio ambiente que realizan los propios habitantes de la tierra.

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