Jasón y los argonautas se toman un descanso: las temibles y seductoras mujeres de Lemnos

Todos sabemos que Afrodita, diosa griega del amor y la belleza, se aseguraba de que se le rindiera culto debidamente castigando a quienes ignoraban sus altares. Este carácter iracundo de la diosa se pone de manifiesto en un breve episodio del mito de Jasón y los Argonautas, en una historia sin duda particularmente… olorosa.

Las mujeres de Lemnos

Jasón y sus camaradas navegaban a bordo del Argo cuando alcanzaron las orillas de la isla griega de Lemnos, en un tiempo en el que dicha isla se encontraba asolada por un desagradable problema. Afrodita había decidido maldecir a las mujeres de Lemnos por descuidar los santuarios dedicados a ella. Como castigo, la diosa hizo que el olor corporal de estas mujeres fuese particularmente ofensivo. A consecuencia de ello, los hombres de Lemnos decidieron repudiar a sus esposas en favor de unas agraciadas y relativamente inodoras esclavas jóvenes importadas de Tracia. Pero las mujeres de Lemnos se vengaron de ellos sembrando el terror, dando muerte a todo hombre que caía en sus manos —no solo a aquellos que habían quebrantado sus votos matrimoniales, sino a todo varón, presumiblemente niños incluidos.

Retrato de Hipsipila, primera esposa de Jasón, obra de Octavien de Saint-Gelais (Dominio público)

Retrato de Hipsipila, primera esposa de Jasón, obra de Octavien de Saint-Gelais ( Dominio público )

La única mujer que incumplió este acuerdo fue la reina de Lemnos, Hipsipila, quien sintió compasión de su anciano padre el rey Toante. Hipsipila le introdujo en un arcón hueco y le abandonó a la deriva en el mar, como si fuera un Moisés a la inversa, esperando de este modo que pudiera con suerte alcanzar la costa de algún lugar seguro. Entretanto, las mujeres lemnias se habían convertido en agricultoras y guerreras, asumiendo papeles tradicionalmente masculinos, aunque siempre echándole un ojo al horizonte por si los tracios decidían hacerse a la mar para vengar a sus mujeres, capturadas por los hombres de Lemnos.

Hipsipila salva a su padre Toante. Miniatura de la obra de Bocaccio ‘De mulieribus claris’ (Dominio público)

Hipsipila salva a su padre Toante. Miniatura de la obra de Bocaccio ‘De mulieribus claris’ ( Dominio público )

Llegan los héroes

Pero en lugar de la temida invasión tracia llegó a Lemnos el Argo, recibiendo Hipsipila a los héroes griegos en la playa. Para asegurarse de que los recién llegados no decidieran atacar súbitamente, la reina les invitó a un banquete. En cierto momento, la sabia y anciana nodriza de Hipsipila aconsejó que las mujeres lemnias, por si los tracios decidían finalmente buscar venganza, se ganaran a los guerreros recién llegados a la isla: los Argonautas. Estos curtidos soldados podrían engendrar a sus futuros hijos y proteger al pueblo de Lemnos.

Cuando Hipsipila tuvo que explicar por qué todas las mujeres de Lemnos estaban solteras, mintió al decir que las lemnias habían expulsado a sus hombres cuando éstos trajeron con ellos a las mujeres tracias. Jasón se sentía bastante atraído por Hipsipila, y Afrodita le hizo enamorarse perdidamente de ella; muy pronto estarían viviendo juntos bajo el mismo techo. Con el paso del tiempo, todos los hombres del Argo, salvo Heracles, habían encontrado el amor en alguna mujer de Lemnos, y su viaje —cuyo objetivo era recuperar el Vellocino de Oro— se demoraba cada vez más. Los héroes no escatimaban razones para evitar volver a hacerse a la mar y tener que abandonar a sus nuevas amantes…

‘Jasón y los Argonautas’, óleo sobre panel de Lorenzo Costa (CC BY SA 3.0)

‘Jasón y los Argonautas’, óleo sobre panel de Lorenzo Costa ( CC BY SA 3.0 )

Nueva intervención divina

Así fue hasta que finalmente Heracles tuvo el coraje de alzar la voz. Era el único argonauta que no había caído en las amorosas redes de las mujeres de Lemnos, permaneciendo en el Argo y llorando la pérdida de su hijo adoptivo, Hilas. Heracles exclamó con desprecio que no alcanzarían la gloria metiéndose en la cama de mujeres extranjeras, y que los dioses no dejarían caer el vellocino, objeto de su expedición, en sus regazos. Jasón y sus compañeros se sintieron entonces avergonzados hasta el punto de decidir marcharse. Hipsipila rompió a llorar, aunque le dijo a Jasón que podría volver a ella cuando consiguiera el Vellocino de Oro, si así lo deseaba. Si Jasón no volvía a Lemnos y ella descubría mientras tanto que estaba embarazada, le requeriría a él que le dijera qué hacer con el bebé. Jasón respondió que, si finalmente estaba embarazada y nacía un niño, lo enviara a su ciudad, Yolco, para que pudiera cuidar en el futuro de los padres de Jasón, si aún seguían con vida.

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