JAQUE MATE: LA PARADOJA IRRESOLUBLE DEL TRANSEXUAL



En España una de cada 265.739 personas decide cada año cambiar de sexo. Esto supone el 0,0004 % de la población. En otras palabras, cada año el 99,9996 % de la población encuentra la suficiente coherencia entre sus genitales y el sexo que pusieron en su partida de nacimiento como para no acudir a una modificación quirúrgica de su apariencia sexual que se le presenta como posible en el orden material y deseable en el orden de una propaganda que desestima la sabiduría de la naturaleza y defiende algo literalmente inhumano, puesto que lo propio de la humanidad es su carácter sexuado. 

Viviendo como vivimos en la dictadura de los ofendidos, los que rechazan su cuerpo (minoría absoluta) y los que creen que un trastorno de identidad en vez de ser un problema es un rasgo de libertad (los manipulados) ejercen de Santa Inquisición contra todo el que pretende contestar a su delirio negacionista: la excepción es lo único respetable, lo considerado “normal” (la heterosexualidad, la aceptación y vivencia del propio cuerpo sin auto-sabotajes, la motivación hacia la procreación, etc.) es puesto en solfa, estigmatizado y ridiculizado. Y, por supuesto, el envenenamiento químico que subyace al ideológico, causado por pesticidas, transgénicos, chemtrails, ftalatos, disruptores endocrinos, bisulfitos, glutamato, etc., que desestructuran el desarrollo hormonal de los niños a mayor beneficio económico de la mafia farmacéutica es silenciado. Es lo real, pero no existe, porque “existe lo que sale en los medios”.

Todo este panorama desquiciado es puesto en evidencia por una reflexión que publicaba anteayer Rafapal y que va a lo prohibido en el debate: la reflexión. Su entrada no tiene desperdicio, y aunque levantará ampollas -desalinearse de la histeria teledirigida del NOM es pecado mortal- pone el dedo en la llaga de quienes tienen al transhumanismo -lo antinatural- por envidiable y al científico responsable -que da respuestas- por indeseable. Corren malos tiempos para el análisis racional, lo que le hace cada vez más necesario. … lo que cura, escuece.

¿Cómo sabemos que una persona es la misma que la que vimos ayer?

Porque esa persona es igual físicamente (y también en su comportamiento y habla) que la que vimos ayer. ¿Correcto? Aunque esa persona se haya cortado el pelo o se vista de otra manera, sigue siendo la misma que la que vimos ayer.

Hasta aquí, de acuerdo, ¿verdad?

Bien, pero he aquí que esa persona llamada, por ejemplo, Mariano, un día nos dice que ya no es Mariano sino que es Mariana. ¿Qué ocurre?

Por un lado nos dice que es la misma persona que ayer pero que ahora es de otro sexo (“porque se siente así”), con lo que, de hecho, es otra persona, porque una característica inherente al ser humano (y al animal) es su sexo, que implica una serie de condiciones biológicas y físicas, con las que nace y muere (nota del “blogger”: y cuya persistencia explica el por qué el aparente “cambio de sexo” -que ocurre solo a nivel de caracteres sexuales secundarios, no a nivel cromosómico- tiene que ser continuamente reforzado saturando de hormonas al sujeto).

Así pues, el individuo transexual dice ser el mismo, pero al mismo tiempo dice ser otro diferente y, de hecho, esta es la prueba definitiva de la irresoluble contradicción: ¡se cambia de nombre por el otro sexo! (se identifica a la vez que se desidentifica consigo, lo que carece de lógica, nota del “blogger”).

Si se cambia de nombre y de sexo, es que “es otra persona” y si es otra persona, entonces no es el mismo que antes. (Si fuera el mismo, entonces no necesitaría cambiarse de nombre).

La respuesta del transexual será decir que “él siempre fue ella”: o sea, que la Naturaleza se equivocó de “traje” y le “embutió” en uno que no le correspondía. Pero esta afirmación se encuentra con otro problema: si siempre fue otra persona, entonces ¡todos esos años precedentes no existió!

Su respuesta siguiente será decir que sí, que él estaba ahí pero encerrado en un cuerpo que no le correspondía, lo cual, obviamente, nos ha de llevar a la existencia del alma; cosa en la que no creen los precursores de esta teoría: marxistas culturales. Luego la supuesta “existencia” de los transexuales lleva a los ateos a aceptar INDEFECTIBLEMENTE la existencia del alma y una “posesión espiritual”. No hay otra forma de resolver este enigma.

El que el alma y el cuerpo puedan ir cada una por su lado obvia, claramente, la existencia de la biología humana: hormonas, humores y características físicas como la voz, los órganos sexuales, los cerebros, etc. En definitiva: que niega la Ciencia, que es la religión para los ateos. Segundo disparo en el pie que se dan.

Pero es que si consideramos que sí, que ese ser ha tenido la mala suerte de nacer en un cuerpo equivocado, desembocamos en otra incoherencia todavía mayor.

Dado que el bebé no es consciente de su sexo hasta… pongamos que los tres años: ¿quién ha estado viviendo durante esos tres años si toda la biología de ese ser -previa a la noción de sexo- era la de un varón? Si su psicología identitaria sexual (por decirlo de alguna forma) nace en ese tercer año, ¿quién era el niño que ha vivido todos esos años? ¿Le han sustituido? (Porque obviamente el bebé se comporta de acuerdo a su sexo, de manera sutil pero que toda madre que ha tenido un niño y una niña sabe diferenciar).

Evidentemente, este caso es falso porque no hay ningún niño que diga que es una niña tan temprano sino que “juega a disfrazarse”, con seguridad, por la mala influencia de alguno de sus padres. Pero aún dándolo por válido, el enigma continúa, ese bebé varón era varón todos esos años, luego se niega la mayor: que haya nacido así.

Problema irresoluble, que sólo se puede solventar con algo que he citado más arriba: la noción de ‘transexualidad’ es claramente la forma “moderna” de llamar a una posesión espiritual. Y no precisamente contraria a la biología: el espíritu que ha ocupado el cuerpo incorrecto es ¡el que quiere cambiarse de sexo por la sencilla razón de que la Naturaleza es lo Real!

¿El sexo asignado? ¿Asignado por quíén? Por la misma naturaleza que nos
asigna raza, morfología, humanidad, etc. No es la cultura la que nos impone
lo que somos, como afirman los manipuladores. 

EN CASO DE CONTRADICCIÓN ENTRE BIOLOGÍA Y CULTURA, SIEMPRE HA DE SER LA BIOLOGÍA LA QUE LLEVE LA RAZÓN, PORQUE ES LA CONDICIÓN PREVIA PARA LA EXISTENCIA DE LA VIDA. LUEGO LA CULTURA ESTÁ POR DEBAJO DE LA NATURALEZA, SIN LUGAR A DUDAS. EL ‘TRANSEXUAL’ SE EQUIVOCA, TIENE UN TRASTORNO DE PERSONALIDAD.

(Visto en http://www.rafapal.com/)

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