¿Fue utilizada la Gran Pirámide para albergar el Arca de la Alianza?

Muchos aseguran que la Gran Pirámide, lejos de ser una tumba real, es una antiquísima máquina generadora de energía que hoy en día se encuentra desactivada debido a que carece de los elementos que le otorgaban originalmente su poder. ¿Pudo esta «máquina» ser utilizada en algún punto de su historia para contener la enorme energía que yacía en el Arca de la Alianza mencionada en la Biblia?

Recreación artística del Arca de la Alianza dentro del sarcófago de la Cámara del Rey, en la Gran Pirámide de Guiza. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Recreación artística del Arca de la Alianza dentro del sarcófago de la Cámara del Rey, en la Gran Pirámide de Guiza. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Uno de los hechos que esgrimen aquellos que apoyan la teoría que relaciona el Arca con la Gran Pirámide, es que el volumen interno del sarcófago de la Cámara del Rey, en el mero interior de la maravilla antigua, se corresponde exactamente con el supuesto volumen exterior del Arca de la Alianza. Pero ese «exactamente» tiene, algunas licencias. Veamos.

Según el relato bíblico, las medidas del Arca, traducidas al sistema métrico decimal, eran de un metro cinco centímetros de largo, 70 centímetros de alto y otro tanto de ancho. Estas medidas sin considerar argollas externas de soporte, barrales de sustentación, cuatro pequeñas patas para que no toque el suelo directamente y querubines sobre la tapa. El primer problema es que esas medidas son tales si consideramos que el relato bíblico habla de codos egipcios. Se ha convertido con ese criterio considerando que los tiempos de sometimiento hebreo al yugo del Nilo les impuso la costumbre de aplicar ese sistema de medida. Con igual criterio, empero, podríamos estar hablando de codos babilónicos, toda vez que los judíos también estuvieron esclavizados entre el Éufrates y el Tigris. Tampoco hay consenso entre arqueólogos de cuál sería la medida exacta del mismo por lo que, a todos los efectos, volveremos sobre el codo egipcio.

arca-camara-reyAhora vayamos al sarcófago —donde jamás se encontró resto de momia alguno—. Las mediciones arrojan un largo de dos metros cinco centímetros, setenta y cinco centímetros de alto y otros tanto de ancho. Se preguntarán ustedes: ¿dónde cabe, entonces, el «exactamente»? La respuesta reside en que dicho sarcófago debe considerar el alto de las pequeñas patas, el ancho de las argollas de los barrales y el largo con los mismos, ya que en la Biblia se explicita claramente que dichos barrales no deben ser retirados nunca. ¿Y los querubines? Éstos sobresaldrían por la parte superior, cosa perfectamente posible —y hasta de cierta belleza simétrica— ya que el sarcófago jamás tuvo tapa.

Sobre energía piramidal

Siguiendo el relato bíblico, Moisés recibe de Yahvé las instrucciones para construir el Arca en el Monte Sinaí. Esto es, después de haber huido de Egipto. ¿Cómo casa, entonces aquí, la presunción que la Gran Pirámide contuviera dicho instrumento?

Se ha expresado en miles de ocasiones la posibilidad que el Arca fuera un generador electroestático o de algún tipo de energía, a partir de allí se señala que la teoría no dice que la Pirámide de Keops haya sido construida para contener al Arca, sino que en algún momento la contuvo, ¡que no es lo mismo! Lo que lleva a replantearse, una vez más, la razón de ser de la única de las siete maravillas de la antigüedad que sobrevive.

La expresión «pirámide», como se sabe, no es egipcia. Deriva del griego pyr – a – mid que se traduce como «fuego en el medio», lo que es bastante sugestivo, pues induce a que en tiempos helénicos se tenía perfecta consciencia sobre las propiedades energéticas de la misma. Los egipcios la llaman beremuaz, que significa «casa eterna del Faraón», pero es un término engañoso, ya que es relativamente moderno y aplica al concepto «oficial» del destino dado a esas construcciones, es decir, tumbas reales.

Tampoco insistiremos aquí sobre las probadas circunstancias que demuestran que la Gran Pirámide jamás fue tumba de nadie, y mucho menos de Kufhu (Keops) —el lector interesado encontrará numerosas evidencias con una sencilla búsqueda—. Nadie sabe cuál era la denominación original dada en tiempos de su erección.

Gran Pirámide de Guiza.

Gran Pirámide de Guiza.

Diversas investigaciones en el campo de la Piramidología a través de los años han dejado claro que la maravilla antigua en Guiza es un acumulador de ciertas energías cósmicas, particularmente la que conocemos a través de los tiempos y las culturas como «präna», «ki», «chi», «fuerza ódica», «vril» y —Willhem Reich dixit— «orgón». Y si, como se supone, en realidad fue construida mucho antes de ese 2.800 a.C. que la historia académica le otorga, mucho más evidente es que el Arca fue posterior. Pero esa correspondencia geométrica que hemos señalado párrafos atrás no puede ser atribuida a la casualidad; en consecuencia, se plantean cuatro posibilidades:

  1. Que en tiempos de la erección de la Gran Pirámide ya se hubiera previsto, algún día, la colocación del Arca, siendo ésta, entonces, el fusible faltante de una maquinaria preexistente. Ahora bien, teorizando, ¿para qué y por qué «alguien» construiría esta «maquinaria» para que «a futuro» se le agregara una pieza faltante? Pidiendo permiso a la especulación, si los Annunaki diseñaron a la especie humana, para sus fines bien pudieron haber «diseñado» su historia futura. En ese «diseño», habría un momento en que debería cristalizarse determinadas «fuerzas» o vectores espirituales, expresados simbólicamente en una creencia religiosa. Una creencia sumamente fuerte para conservarse a través de las vicisitudes del Tiempo y que tendría su «recompensa» en darle a sus «sacerdotes» (todo un pueblo) una serie de recursos, conocimientos y capacidades que les ubicaran en posiciones de poder a través de la Historia pese a las múltiples persecuciones.
  2. Es posible, también, que el Arca fuera mucho más antigua, contemporánea a la Pirámide, y que su otorgamiento a Moisés por parte de su dios sea una transliteración literaria muy posterior, el apropiarse de una historia ajena y hacerla propia —basta recordar a Ziusudra y Noé, uno de los tantos paralelismos sospechosos entre relatos sumerios y bíblicos— .
  3. También podríamos sospechar que en su huida de Egipto los judíos robaron el Arca. Moisés pudo no solo ser un jefe con autoridad sino también un hierofante. Eso explicaría que el Faraón, primero, les permitiera irse sin problemas pero luego enviara todo su ejército en frenética caza de los emigrantes, más probable aún si, suponiendo, lo que se buscaba no era alcanzar a los judíos sino recuperar lo que algunos de éstos se habían robado.
  4. Y finalmente, es posible también que a través de la historia hayan existido distintas Arcas y la Pirámide el contenedor de una o varias de ellas.

Recordemos, también, que cuando el Arca desaparece luego de la destrucción del Templo de Salomón una de las teorías —quizás la más consistente— afirma que termina en Etiopía, luego de un peregrinaje que la lleva a Egipto, descansando un tiempo en el templo de Filé y, enseguida, y por varios años, en la isla Elefantina. Y esto porque Egipto era un territorio sumamente conocido, históricamente hablando, para los judíos, con el cual seguían conservando estrechos vínculos. Esos vínculos tienen raíces religiosas, extrapoladas luego en su propio culto.

Tiempos predinásticos, dioses y semidioses

Egipto fue gobernado, en la oscuridad arcana, durante mil trescientos años por los «Héroes». Luego, durante otros seis mil, por los «Shemsu Hor» (los compañeros de Horus). Les siguieron los primeros «reyes» históricos: Horus Escorpión (sí, el famoso rey Escorpión) en el 3.200 a.C., Horus Ka en el 3.150 a.C. y Narmer —o Menes—, unificador de las tribus, en el 3.100 a.C. Catorce mil años de continuidad dinástica que nos permiten relativizar, o al menos poner en duda, las cronologías oficiales.

En semejante línea de tiempo, debe comprenderse también que la «conexión cósmica» trasciende la mediocre concepción de visitas extraterrestres a los egipcios. Tiene que ver con las raíces, arcaicas y no humanas, del «diseño» de un paradigma espiritual (más bien, religioso) para manipular a futuro y a través de los milenios a una Humanidad creada ex profeso a ciertos fines. De la génesis y razones de ser de las Inteligencias que estuvieron detrás del judaísmo estamos hablando.

Artículo basado en El Egipto Desconocido: La Conexión Cósmica, de Gustavo Fernández.


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