¿Estás en una relación tóxica?

Si has estado metido de lleno en el voraz remolino de una relación de pareja tóxica seguro que entenderás lo que vamos a compartir en este artículo. Antes de nada, vamos a intentar definir lo que es una relación tóxica y lo que implica en la vida de quienes la sufren.

Por supuesto que las relaciones tóxicas no solo son potestad de una relación de pareja, si no que también pueden serlo en la relación que mantenemos con un familiar o con un amigo. Pero en este artículo vamos a limitar el cerco y lo reduciremos a las relaciones de pareja tóxicas.

Una relación tóxica siempre tiene “algo que nos compensa”

Es ese tipo de unión que mantenemos con alguien y de la que no somos capaces de salir. Es una unión muy fuerte, intensa y a la vez muy destructiva. Nos perdemos en ella. Nos convertimos en alguien que no somos. Buscamos morbosamente estar ahí aún cuando ello implica sufrir el mayor de los daños y peor aún, la pérdida de nuestro amor propio.

Lógicamente si estamos metidos en ella es porque hay una compensación grande o al menos encierra algo a lo que no estamos dispuestos a renunciar. Una compensación lo suficientemente poderosa como para que los lazos de la relación no se rompan. Sin embargo, si fuésemos capaces de mirarla desde la perspectiva que nos permite contemplar el bosque entero, seríamos capaces de concluir que la toxicidad que esta relación está teniendo en nuestra vida merece que modifiquemos dicha relación o terminemos con ella.

El efecto perjudicial de las recompensas

Por detrás de este tipo de relaciones subyace el mismo mecanismo que sostiene una adicción. Por ello es tan difícil salir de ella, y cuánto más tiempo de nuestra vida estemos invirtiendo en esta relación más nos va a costar salir de ella. Ahora quizás no lo contemplamos, pero es posible y gratificante para uno mismo salir de ella, igual que conseguir salir de la adicción al tabaco o a la cocaína.

Yo también puedo recuperar mi responsabilidad perdida y actuar en consecuencia

Por lo general, tendemos a culpar a nuestra pareja. “¡Él es el tóxico! ¡Ella es la tóxica, no yo!”, “Ya le he dado muchas oportunidades y es incapaz de cambiar, no sé qué más hacer”. Pues es que quizá ya no hay nada que hacer… quizá la opción más sana, beneficiosa y de amor hacia ti mismo sea terminar con esa relación. No insistir en revivir a una relación que ya no late, a un corazón que ya no envía sangre con oxígeno.

relación tóxica

La sabiduría popular ya lo dice: “No le pidas peras al olmo”. No podemos pretender que alguien sea quien no es. Ya ha pasado tiempo suficiente para saberlo. ¡¿Cuánto tiempo de nuestra vida hemos de perder en este esfuerzo tan perjudicial para nuestra salud mental y emocional?! ¿Cuántas oportunidades dadas son suficientes para saberlo? “Quizá deba esperar más, él necesita más tiempo…”

Y mientras en el camino, nos bifurcamos de nosotros mismos. Nos perdemos. Nos dejamos de querer. Estamos ofreciendo nuestra vida a esa especie de paréntesis en el que el otro deshace sus nudos y hasta que no los deshaga no desistimos en nuestra tarea. Y qué hay de lo que uno merece. ¿Qué hay de nuestras necesidades?

Salir de una relación tóxica requiere un esfuerzo titánico

Por ello salir de una relación de este calibre tiene un mérito sobrehumano. Primero porque uno reconoce que no tiene poder sobre el otro (creencia muy habitual en muchas personas:”yo le voy a cambiar”).

Cuando la vergüenza tóxica nos atrapa

Segundo, porque toma conciencia de la cantidad de esfuerzo que estaba derrochando en una misión imposible y lo convierte en esfuerzo para quererse y cuidarse a sí mismo lo suficiente como para no caer una vez más en una relación destinada al fracaso (personal y de pareja).

Culpar al otro de nada sirve si seguimos con él

No podemos pasarnos una vida culpando a la otra persona por ser cómo es cuando nosotros estamos eligiendo a esa persona una y otra vez como nuestra pareja. (Estamos hablando de una relación TÓXICA, no de una relación sana que, como todas, tiene sus sombras y sus luces).

Estamos hablando de asumir responsabilidad sobre nuestras decisiones y elecciones. Si sabemos que alguien es perjudicial para nuestra salud hemos de alejarnos de esa persona. Como el niño que sabe que tiene alergia a los cacahuetes, porque al comerlos se pone malito.

El amor propio comienza por escucharse con honestidad

En una relación tóxica pasa algo parecido. Pero a veces tenemos nuestro radar, nuestra guía interna, tan atrofiado que no somos capaces de ver más allá de lo apasionante y casi místico que es este amor. El niño se pone malo pero…¿nosotros? Hay escucharse con atención y tomar conciencia de las situaciones en las que uno habita para percibir el daño.

En la medida en que yo soy consciente de mi parte de responsabilidad y elijo huir de lo que me daña, gano poder sobre mí mismo. Me devuelvo un poquito más de ese poder que concedí al otro. Me recupero por fin. Me elijo a mí.

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Te quise hasta que mi amor propio dijo “no es para tanto”. Dejé caer el velo de mis ojos para ver que no eres… Ver más »

Imagen cortesía de Sara Herranz

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