¿Es el pene una construcción social?

En 1996 Alan Sokal consiguió publicar un artículo –que en realidad era una parodia deliberada del posmodernismo, el deconstruccionismo y otras modas intelectuales del siglo XX– en la revista de ciencias sociales Social text. Un año más tarde Sokal y Bricmont publicaron el libro Imposturas intelectuales (Fashionable nonsense) que venía a resumir el llamado “Sokal affair” para un público más amplio.

Es por lo menos plausible asumir que tanto el falso artículo como el libro consiguieron algún efecto. Aunque esta medida es bastante grosera, si buscamos actualmente la palabra clave “Posmodernism” en la base de datos de Google Books se aprecia una caída bastante brusca que coincide a grandes rasgos con la irrupción del escándalo Sokal.

Dos décadas más tarde, sin embargo, el prestigio de estas “modas intelectuales” no se ha extinguido en las ciencias sociales.

Un paseo por la cuenta de Twitter “New Real Peer Review” nos pone a la vista decenas de artículos “científicos” con propuestas patentemente estrafalarias, en particular en el área que llaman “estudios de género” (gender studies). Aquí hay algunos ejemplos de artículos publicados realmente (no bromas, ni fraudes) en revistas académicas indexadas y revisadas por pares:

La eyaculación refuerza la hegemonía masculina

¿Por qué la lactancia y dar el pecho se consideran actividades femeninas?

El embarazo ha sido asignado al género social femenino

El doping en el deporte promueve la lesbofobia

La menstruación es una construcción social…

Ante semejante panorama, no sorprende mucho que Peter Boghossian (Alias Peter Boyle) y James Lindsey (Alias Jamie Lindsay) hayan conseguido perpetrar ahora con éxito otro “fraude” de estilo Sokal, en esta ocasión publicando un artículo en la revista Cogent Social Sciences.

El artículo, titulado “El pene conceptual como constructo social” argumenta que “La masculinidad vis-à-vis del pene es un constructo incoherente” y que sería más adecuado entender “el pene conceptual no como un órgano anatómico sino como un constructo social de género-performativo, altamente fluído”.

En la revista Skeptic, Boghossian y Lindsey aseguran que “tras finalizar el artículo, lo leímos cuidadosamente para asegurarnos que no decía nada que tuviera sentido”.

Leamos también un fragmento del artículo en el que se aborda la relación entre el pene y el cambio climático:

En ninguna parte las consecuencias de la identificación hipermasculina machismo bragadoccio isomórfica con el pene conceptual es más preocupante que en el problema del cambio climático. El cambio climático está causado por nada más que ciertos temas dañinos en la hipermasculinidad que pueden entenderse mejor a través de la rapaz aproximación a la ecología climática identificable con el pene conceptual. Nuestro planeta está aproximándose rápidamente al umbral de 2º de cambio largo tiempo advertido, y debido a las dinámicas del poder patriarcal que mantienen las presentes estructuras capitalistas, especialmente con respecto a la industria de combustibles fósiles, la conexión entre el dominio hipermasculino de los discursos políticos y económicos y el daño irreparable a nuestro ecosistema que se hace patente.

Poniendo al lado los artículos twiteados por “The New Real Peer Review” con el “fraude” de Boghossian y Lindsey es tentador pensar que una parte no despreciable de las ciencias sociales cumple a la perfección la “Ley de Poe”, según la cual “en ausencia de un guiño o indicación que lo aclare, es difícil o imposible distinguir una postura ideológica extrema y la parodia de esa misma postura”.

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