Entrevista a Dokushô Villaba

Entrevista con Dokushô Villalba, maestro budista zen

“El Zen es el corazón del budismo”

– Entrevista: Mario Martínez –

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Esta es la simple historia de un monje. O mejor dicho, un simple aspecto de la extensa vida de un monje. De un español nacido en un pueblo de Sevilla hace cincuenta y nueve años, y que llegó a ser el primer maestro budista del país. Si el silencio pudiera traducirse en páginas, habría que dejar en blanco todo lo que sigue para prestar atención a lo que el interior de cada lector percibe como realidad. Aún así, es posible preguntarle a Dokushô sobre aspectos profundos de la meditación, de la existencia humana, de los conflictos cotidianos, y guardar silencio para sentir de qué manera sus respuestas resuenan en cada uno de nosotros.

Antes de comenzar a leer esta entrevista, propongo a los lectores un ejercicio de visualización. Cerrar los ojos unos instantes e imaginar esta charla durante una apacible mañana de otoño, en los silenciosos jardines del monasterio Luz Serena. Allí, debajo de un árbol, con su taza de té entre las manos, y vestido con su atuendo de monje zen, encontramos al maestro Dokushô Villalba. Con pausa, sonriente, y con la mirada firme y amable, Dokushô va desgranando una a una las preguntas de VerdeMente, con la misma ecuanimidad con la que la mente de un meditador budista va atendiendo a todas y cada una de las sensaciones que le envía su cuerpo.

Mario: ¿Qué conserva aún de aquel joven comunista de los ’70?

Dokushô Villalba: En verdad nunca fui comunista de carné. Cuando estudiaba en la Escuela Normal de Magisterio de Sevilla colaboraba con varios grupos de izquierda, entre ellos con el Partido Comunista y también con el grupo Liberación y la editorial ZYX, más cercana al anarquismo idealista. De aquellos años conservo la sensibilidad social y la conciencia de que necesitamos una estructura política y económica al servicio del bien y de la felicidad de la gran mayoría de ciudadanos.

M.M.¿Le aportó el budismo una visión distinta de la política?

D.V.: El budismo me hizo ver que sin una profunda transformación en el interior de las conciencias de los seres humanos, el mero cambio de las estructuras sociales externas es inútil, como la historia nos lo ha hecho ver en numerosas ocasiones.

M.M.: ¿Algo así como una revolución interior?

D.V.:Si. Me aparté del activismo social y de la política porque me di cuenta de que la transformación de las estructuras sociales no bastaba para aportar la paz, el bienestar y la felicidad. Comencé a tomar conciencia de que era necesaria al mismo tiempo una revolución en el interior de las conciencias de los seres humanos, no solo de las élites dominantes sino también de la gran mayoría dominada. Por eso me acerqué a la práctica y a la filosofía del Zen. En la meditación zen encontré la interioridad, la paz y el conocimiento de mí mismo que necesitaba. Creo que esto es lo que el Zen está ofreciendo hoy día a miles de personas. Hoy día padecemos la enfermedad de la enajenación -la alienación de la que hablaba Marcuse. Esto es, vivimos ajenos a nosotros mismos, como extraños para nosotros mismos, debido a que nuestras mentes se proyectan excesivamente en el exterior y olvidamos el contacto con nosotros mismos.

M.M.: ¿Qué lo llevó a la decisión de seguir el camino del Zen?

D.V.: Yo no decidí practicar el Zen. El Zen apareció en mi vida y se quedó. No tuve opción. La primera vez que me senté en meditación zen fui fulminado por un rayo y los truenos conmovieron totalmente mis valores y mi forma de vida. Es como cuando las limaduras de hierro encuentran un imán y quedan adheridas. No tienen otra opción. En un principio no me interesó mucho el aspecto “religioso” de la meditación zen.

M.M.: Pero podría haber seguido el camino del catolicismo…

D.V.: Con la religión católica ya había tenido suficiente. Fue la experiencia espiritual, mística, o existencial a la que me condujo la práctica de la meditación zen lo que hizo que me sintiera como en casa. Mi primer maestro, Taisen Deshimaru, solía decir que el zen es la esencia del espíritu religioso antes y más allá de cualquier religión, incluido el budismo. Años después, cuando comencé a viajar a Japón, me encontré con el aspecto de religión institucional del zen. Durante años conviví con eso, pero actualmente me interesa cada vez menos.

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