El pasado no debe atarte

fuente Evolución consciente
Lourdes

Todas las personas tenemos un pasado. Es imposible olvidar quienes hemos sido y que hemos hecho. El pasado nos condiciona, y explica quien somos hoy. No obstante, hay gente que utiliza el pasado para no cometer los mismos errores y otros que siguen emocionalmente atados a él. Estos últimos arrastran la culpa y el miedo acumulados y no pueden avanzar. No han sabido procesar emocionalmente su pasado y continúan haciéndonos daño, generando inseguridad o miedo.
En este artículo podrás averiguar si aun estás atado al pasado.
¿Cómo saber si aún estás atado al pasado?
Existen algunos signos que indican que aún estás atado emocionalmente a un pasado negativo, que te impide continuar y aprovechar al máximo las oportunidades que te brinda el presente.

1. No quieres hablar de la situación. Cuando hemos aceptado una situación, no tenemos problemas para volver sobre nuestros pasos y hablar de ella, tanto de los aspectos positivos como de los negativos. Cuando algo forma parte de nuestro pasado y lo hemos aceptado plenamente, lo abordamos con naturalidad. Sin embargo, cuando nos negamos a hablar de un tema, es porque este continúa molestándonos o haciéndonos daño de alguna manera, es un signo de que no hemos podido pasar página e integrar esa vivencia en nuestra historia.
2. Experimentas sentimientos negativos que no tienen explicación. A veces, aunque todo esté bien en nuestro mundo, experimentamos vagos sentimientos de dolor, resentimiento o culpa. Esas sensaciones no provienen del presente, no podemos encontrar algo que las origine en el “aquí y ahora” simplemente porque vienen directamente del pasado, de una situación que aún nos está dañando y que no hemos resuelto del todo. Recuerda que el hecho de que sepultemos una experiencia, no significa que no haya existido y mucho menos que deje de causar dolor. Cubrir la herida con una venda hará que no la veas, pero no dolerá menos.
3. Reprimes las emociones. Uno de los signos de alarma de que no hemos hecho las paces con nuestro pasado llega de la mano de la represión de las emociones. Por ejemplo, cuando una persona querida nos abandona y aceptamos la pérdida, logramos recordar viejos momentos con una mezcla de tristeza, alegría y nostalgia. Dejamos de resistirnos al recuerdo porque somos capaces de manejarlo. Sin embargo, en los primeros tiempos reprimimos las emociones y los recuerdos porque estos nos resultan demasiado dolorosos, lo cual significan que aún no hemos aceptado emocionalmente lo que ha sucedido.
4. No puedes controlar tus impulsos. Los impulsos provienen, básicamente, de nuestras emociones. Cuando reprimimos nuestras emociones y sentimientos, estas salen a la superficie como impulsos. Por eso, si siempre estás irritable, si te sientes ansioso y la ira explota con facilidad, es probable que necesites resolver asuntos pendientes de tu pasado. Recuerda que para ejercer un buen autocontrol sobre tus impulsos, necesitas estar en paz contigo mismo.
5. Te sientes limitado, pero no sabes por qué. Se trata de una sensación que todos hemos experimentado en alguna ocasión, una sensación que nos impide dar lo mejor de nosotros mismos pero para la cual no encontramos ninguna explicación lógica. En esos casos, suele tratarse de un trauma que eliminamos de nuestra mente consciente pero que continúa determinando nuestra vida desde el inconsciente. Los miedos irracionales, las creencias limitantes y las excusas para no crecer pueden tener su origen en una experiencia pasada que nos ha marcado emocionalmente y que no hemos sido capaces de procesar.

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