El papel de los padres frente al ciberbullying

Los medios de comunicación y la posibilidad que tenemos cada uno de nosotros de publicar algo que en unos minutos pueda dar la vuelta al mundo, sin ningún tipo de censura o control, tiene muchas ventajas. Pero también muchos contras, como el de que ha aumentado exponencialmente el daño que puede causar un acosador en casos como el ciberbullying.

En este artículo queremos seguir reflexionando sobre el ciberbullying introduciéndonos en la piel de Carlos. Ya compartimos el comienzo de su historia en el este artículo y a continuación nos gustaría que terminarais de conocer su historia. En esta última parte, queremos prestar atención al papel que puede jugar el trabajo con los jóvenes en edad de riesgo y la importancia de las figuras de apoyo, especialmente los padres, para terminar con el ciberbullying.

¿Existe concienciación sobre el ciberbullying?

Los medios de comunicación advertían sobre estos sucesos: acoso escolar, bullying, acoso en las redes o ciberbullying, niños que llegaron a suicidarse…y a pesar de que cada vez se escuchaba con más frecuencia yo no veía a la gente impactada.

Niño victima de ciberbullying mirando por la ventana

Era como si se hubieran habituado a esas horribles noticias y las personas pasaran a ser meras receptoras de información, sin procesar lo verdaderamente grave del asunto. Esto me hacía dudar de si verdaderamente yo era víctima de este fenómeno o si mi relato tendría credibilidad.

Para mí, era una condena haber tenido que pasar así mi preadolescencia, yo prefería aquellas historias de mi sabio antecesor donde parecía haber mucha más intimidad. En cambio, mi rostro y mis acciones estaban accesibles a tiempo real en cualquier dispositivo con wifi.

¿Cómo conseguí salir de este pozo?

Era un martes por la mañana y el tutor nos anunciaba que tendríamos un taller llamado “prevención del ciber-acoso escolar”. De repente mi corazón comenzó a latir muy rápido por dos cosas: porque pensé que “lo mío” podría tener solución y por una tremenda vergüenza al sentirme totalmente observado.

Resulta que yo encajaba en todo lo que allí se dijo. Aquellas dos psicólogas hablaban de “víctimas” y “agresores” y aunque yo me resistía a aceptar esos términos, escuché atentamente los consejos que dictaban y eran:

  • No debía sentirme culpable, pues los que me acosaban eran los que de verdad tenían poca autoestima y necesitaban molestar a los demás para engrandecer su personalidad. Tampoco debía sentir vergüenza por todo lo que me estaba ocurriendo ni por lo que estaba sintiendo.
  • Explicaban que lo inteligente era no responder a las amenazas o provocaciones, pues con eso solo iba a alimentar las actitudes de los demás y endurecer mi malestar. Debía ignorar a los agresores todo lo posible.
  • También debía sacar fuerza para pedir ayuda a mis padres o a mis profesores. Lo cierto es que yo tenía una familia que podía ayudarme, pero la vergüenza que sentía me impedía solicitar esta ayuda. Adquirí la convicción de que, si lograba compartir con las personas que me querían la situación en la que me encontraba, lograría encontrar recursos para afrontar la situación.
  • Por otro lado, aconsejaban no borrar las pruebas que comprometían a los agresores: mensajes, amenazas, fotos comprometedoras, pantallazos…y así lo hice.
  • También hablaron de ejercicios de relajación. Yo de eso no tenía ni idea, pero me picó la curiosidad y en pocos días aprendí a practicarlos.
  • Aumentar la privacidad y limitar la información que se muestra en Internet. Nunca había intentado configurar la privacidad en las redes sociales en las que tenía un perfil. Después de mucho tratear, ya que no es lo más intuitivo del mundo, ese día ajuste las opciones de una manera que me protegieran.
  • Y lo que más me gustó, no dedicar tiempo excesivo a las redes sociales o a los dispositivos digitales y emplear mi tiempo libre en actividades que implicaran conocer a gente nueva que compartiera mis gustos e intereses.

Estrategias de los padres para prevenir la ansiedad en los niños

El papel de los padres en la prevención del ciberbullying

Como os decía al principio, yo contaba con una familia estupenda que me hubiera podido ayudar, pero que no lo hacía porque yo me había empeñado en encubrir todo lo que estaba pasando. Mis padres sospechaban que algunos de mis compañeros no eran muy respetuosos conmigo, pero yo siempre le quitaba importancia y jamás era sincero con cómo me sentía realmente.

Los padres deben servir de ejemplo para los niños y explicarles los riesgos que suponen las redes sociales y la importancia de la intimidad. Si un niño crece en base a un apego seguro, será más fácil que acuda a sus familiares en caso de que sea víctima de acoso o si es conocedor de algún caso.

Asimismo, es conveniente que se dosifique el uso de Internet y del ordenador debiendo estar situados a la vista de padres. Esto no quiere decir que actúen como policías, pero sí como guía de la educación de sus hijos.

El centro educativo como factor preventivo

Que exista una relación de apego seguro entre padres e hijos no asegura que un niño no vaya a ser víctima de acoso o ciber-acoso y que en caso de serlo demande ayuda. Los profesores, al igual que los padres, deben ser otra red de apoyo a la que pueden acudir los jóvenes que sufran una historia parecida a la mía.

Consejos para jóvenes para enfrentarse al cyberbullying

Siempre recordaré aquella charla de ese martes por la mañana que tanta ansiedad me produjo al conocer su temática. No solo yo sentí vergüenza ese día, muchos compañeros tomaron conciencia y reflexionaron sobre sus actos. A mí me sirvió para pedir ayuda y a algunos de ellos para sentir eso de lo que estaban tan escasos: empatía. Ya no tanto los agresores, sino aquellos que con su silencio o sus risas eran cómplices de sus agresiones.

A ti que no te conozco (o sí), pretendo hacerte ver que ser víctima de acoso o ciber acoso en la infancia tiene consecuencias negativas en el futuro a nivel psicológico y social y que pueden permanecer en la vida adulta.

Ahora soy un adulto feliz, que he curado mis heridas con mucho esfuerzo y que busca educar a unos hijos con empatía hacía sus iguales y con respeto a la diversidad. Si con esto consigo que tomes conciencia de esta problemática un poquito más y ayudes a prevenirla, mi misión se habrá cumplido.

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