El cerebro enamorado. ¿Qué es el amor realmente?

Se ha debatido, escrito  e investigado mucho sobre el significado del amor. Poetas, dramaturgos y filósofos han narrado millones de historias sobre la grandilocuencia de esta emoción, pero… ¿Qué es el amor realmente? ¿Qué respuestas fisiológicas provoca en nuestro organismo la evocación de este estado o emoción? ¿Puede reducirse todo a química o hay algo más místico y esotérico?

Desde el punto de vista científico, se sabe que el amor es esencial para promover la reproducción. Cuando estamos enamorados nuestro cerebro produce una gran cantidad de sustancias químicas que producen felicidad. La selección natural ha hecho esto posible con el fin de recompensar el comportamiento reproductivo (Gracia-Allen, 2010). El enamoramiento, junto con el deseo sexual, es un potente motor de las relaciones a largo plazo, el compromiso, la generación de nuevas parejas y, por consiguiente, la reproducción.

Lo que provoca el vínculo afectivo-cognitivo del amor romántico, con su componente de impulso erótico, es la perfecta sincronización en la activación de conexiones de neuronas de algunas áreas de la corteza, otras del sistema de recompensa y motivación, y de las áreas que procesan los estímulos sexuales, con la desconexión simultánea de áreas asociadas con el juicio, las emociones negativas y la amígdala cerebral derecha.

Para conocer la estrategia cerebral del amor romántico, los científicos han aprovechado la sensación placentera que despierta en una persona enamorada contemplar el rostro de la persona amada y la han comparado con la emoción producida al mirar fotos de diversas personas amigas.

Observaron como en primer lugar, se activaron las áreas de la corteza del cerebro que procesan la atención de los rostros. De inmediato se activó la ínsula  izquierda que se relaciona con el atractivo de los rostros, especialmente la región media que evoca sensaciones agradables al tacto, un componente sensorial emotivo crucial en este tipo de vínculo.

En el proceso de enamoramiento, tras el impulso emocional inicial, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso y se inhiben de forma específica las áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza.

No obstante es interesante diferenciar entre el amor y la fase de enamoramiento. Durante esta última, sentimos una pasión desbordante que nos hace poner por encima de todo al sujeto amado. Nos pasamos el día pensando en él/ella, se nos acelera el pulso cuando le vemos y se nos eriza el vello cuando nos toca. Con el tiempo estas sensaciones van menguando, la tensión sexual disminuye pero se consolida una relación de apego y confianza.

Esto es importante tenerlo en cuenta, ya «cuando la cascada química desciende, hay muchas personas que lo interpretan como una pérdida del amor (McDonald and McDonald, 2010). Lo que realmente sucede es que los receptores neuronales ya se han acostumbrado a ese exceso de flujo químico, y el enamorado necesita aumentar la dosis para seguir sintiendo lo mismo».

Estos cambios producidos por la evocación del sentimiento amoroso están vinculados con modificaciones importantes de la actividad del cerebro y los mediadores químicos. La feniletilamina segregada por el cerebro actúa como una droga natural que estimula el sistema nervioso. Es la sustancia responsable del amor y del enamoramiento. Al inundarse el cerebro de esta sustancia, activa la secreción de dopamina, neurotransmisor responsable de la activación de los circuitos de recompensa, encargada de estimular nuestro deseo y de favorecer la repetición de un comportamiento que nos resulta placentero. Como dice la antropóloga bióloga Helen Fihser «si alguien es único en su vida y se centra en esa persona, es porque el sistema de dopamina se ha activado».

 Además también se produce oxitocina, mensajero químico que activa el deseo sexual y que estimula la producción de neurotransmisores que originan el enamoramiento. El cerebro libera oxitocina al recibir un apretón de manos, una caricia o un masaje y tienen un aumento máximo en el momento del orgasmo, cuando llega a subir hasta un 400% por encima del nivel normal, provocando que desarrollemos un sentimiento de apego (Montemayor, 2013). Pero además de esta hormona, hay otra sustancia que favorece la monogamia y es la vasopresina, la cual hace que el vínculo se prolongue durante muchos años.

En el caso de las mujeres, los niveles de oxitocina se disparan con el contacto físico o la mirada, predomina en ellas la empatía emocional, por lo que responden con reciprocidad a la confianza.  En el caso de los hombres, también es muy importante la secreción de testosterona, la cual incentiva la energía y la atención;  y la vasopresina, la cual les hace fomentar la empatía y la detección de estímulos eróticos.

Hay quien piensa que el hecho de que la ciencia haya desvelado las reacciones químicas y procesos fisiológicos asociados al amor y el estado de enamoramiento, lo único que hace es “encasillar” o reducir todo lo experimentado en relación a esta emoción a algo terrenal y aburrido. No obstante, el que se conozcan las áreas cerebrales que se activan o el papel que juegan los neurotransmisores en el amor, no debe necesariamente convertir en algo menos mágico todo lo que conlleva la experimentación de esta emoción.

Es más, el hecho de que la ciencia investigue este campo nos brinda la oportunidad de comprender mejor las consecuencias de la tormenta emocional que todos hemos vivido alguna vez en el transcurso de nuestra vida. Además también facilita la comprensión entre los componentes de las parejas ―ya sean homosexuales o heterosexuales―, al proporcionarnos información sobre cómo vive este estado cada individuo en función de la etapa del proceso en la que se encuentre, su sexo o su estado hormonal.

¿Es menos culpable la persona que es infiel si segrega menor nivel de vasopresina? ¿Puede mantenerse una relación de forma feliz cuando la cascada química que se da en el proceso de enamoramiento comienza a revertir con los años? ¿Debe ir siempre ligado el amor con pasión y el impulso sexual hacia nuestra pareja? ¿…? Todas estas preguntas y muchas otras presentan una perspectiva filosófica en la cual es muy probable que la ciencia tenga algo que decir.

A continuación os dejamos un vídeo divulgativo de la Universidad de Navarra en el que se nos da información sobre el cerebro enamorado. ¡Esperamos que os guste!

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