Diagnóstico precoz del párkinson

Las personas aquejadas por la enfermedad de Parkinson pueden sufrir pequeños problemas locomotores años antes de recibir el diagnóstico definitivo, pero los métodos actuales para detectar los primeros síntomas exigen visitas médicas y personal altamente cualificado. Ahora, tres estudios novedosos sugieren que el diagnóstico podría obtenerse mediante la evaluación de actividades tan sencillas como caminar, hablar y pulsar un teclado. Pruebas de ese tipo podrían permitir una intervención precoz, un objetivo esencial para frenar la progresión de este trastorno neurodegenerativo, a la espera de una cura definitiva. En palabras del neurólogo Zoltan Mari, de la Universidad Johns Hopkins, el descubrimiento es fascinante, pero advierte que serán precisos estudios de mayor entidad para corroborar que tales técnicas son aplicables de forma generalizada.

Caminar: Los datos suministrados por los sensores portátiles fijados a 93 pacientes con párkinson y a 73 sujetos sanos (grupo de control) revelaron patrones ambulatorios distintivos: factores como la longitud del paso y la fuerza ejercida por el talón ayudaron a diferenciar entre los dos grupos con una precisión del 87 por ciento, según un análisis realizado por Shyam Perumal y Ravi Sankar, de la Universidad de Florida del Sur.

Hablar: En un estudio organizado por Jan Rusz, de la Universidad Politécnica de Chequia y la Universidad Carolina, ambas en Praga, y sus colaboradores, los participantes leyeron en voz alta una lista de palabras y cada uno hizo una grabación de 90 segundos durante la cual describió sus intereses actuales. Cincuenta de los probandos presentaban un riesgo elevado de contraer párkinson, pero solo 23 habían comenzado a mostrar síntomas. Sencillos parámetros acústicos de las breves pruebas de verbalización, como la mayor lentitud al hablar y la mayor duración de las pausas respecto a los sujetos sanos, señalaron a los participantes sintomáticos con un 70 por ciento de exactitud.

Tecleado: A personas con y sin párkinson se les hizo escuchar un cuento popular
y se les pidió que lo transcribieran mediante un teclado. Ambos grupos tenían edades y velocidades de tecleado similares; quedaron excluidas las personas con demencia. Luca Giancardo, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, y sus colaboradores lograron distinguir entre ambos colectivos analizando exclusivamente el tiempo de pulsación de las teclas (el necesario para apretar y soltar una tecla). Sus análisis resultaron iguales o mejores que las pruebas de motricidad que se emplean en el ámbito clínico.

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