Colores que sanan

 

Titi Lazo

Los “colores que sanan” es una entrada en el mundo de la cromoterapia,  donde los colores se constituyen en una valiosa herramienta de sanación para la salud de las personas, en el campo del cuerpo físico, emocional, mental y espiritual. En efecto, los colores tienen suficiente poder como para que, si sabemos interactuar con ellos, obtengamos diferentes beneficios en nuestra salud.

La cromoterapia es entonces la terapia realizada a través de los colores. Es un procedimiento vibracional –pues cada color se define por la frecuencia de su vibración– complementario a las terapias normales. Dentro de este ámbito existe la «Terapia cromoluz», que es un método energético que busca restituir los “colores originales”, que armonizan la salud integral de las personas, en sus diferentes planos (físico, emocional, mental y espiritual). Para este tipo de terapia se usa la energía que irradian los colores, a través de un bastón de cuarzo (como una linterna especial), ayudado por el uso de las manos y de la intención de sanación del terapeuta sobre el paciente. En este ámbito, se asume que las enfermedades también tienen colores, los cuales se pueden “corregir”, para así restituir los flujos energéticos normales de cada persona y recuperar la armonía y unidad de todo su ser.

En la exposición se hizo un recuerdo de las teorías científicas occidentales de los colores, desde el modelo de Newton en adelante (colores como luz, como pigmentos, ondas, etc.). También se entregó la visión hindú de los chacras (“rueda” en sánscrito), que son centros de conjunción de corrientes de energía que circulan a lo largo de una especie de “sistema nervioso sutil”, llamados nadis. Por ellos circula la energía vital (energía cósmica primaria, “aliento de la vida” o “prana”).

Los chacras nacen en distintos puntos del sistema médulo-espinal, desde la cabeza hasta la base de la columna vertebral, y desembocan en la superficie del cuerpo etérico, algunos centímetros sobre la piel. Además de cumplir con las funciones metabólicas, ellos están relacionados con aspectos de la conciencia y del desarrollo de la energía interna del ser humano. Cada chacra está directamente relacionado con una de las glándulas del sistema endocrino y con las partes del cuerpo donde está localizado. Asimismo, están asociados a un color (o frecuencia energética).

Para entender parte de su dinámica, por ejemplo, cuando el chacra se encuentra normal activo, la energía fluye libremente a través de él, y la frecuencia lumínica en la que vibra corresponde al prana que absorbe en mayor proporción. Por su parte, si está sub-activo, es cuando disminuye su energía debido a una actividad incesante de los cuerpos físicos, emocional y mental. Por otra parte, el bloqueo se produce cuando la persona niega determinada expresión de la energía personal, de manera consciente o subconsciente. Por lo tanto el chacra queda con déficit de luz, que si se prolonga en el tiempo alcanzará una condición de gravedad que puede conducir hacia una enfermedad.

Para entender más íntegramente al ser humano y su salud, hay que considerar que en torno e interconectados con nuestro «cuerpo físico» se encuentra una serie de cuerpos sutiles formados únicamente de energía. Por de pronto, nuestro cuerpo físico es el vehículo con el cual nos expresamos en el mundo físico. Este cuerpo está sujeto al tiempo y, por lo tanto, llega el día en que se detienen sus funciones biológicas y metabolismo. Entonces es ahí donde ocurre la muerte física de este vehículo. En seguida está el «cuerpo etérico» o vital, que es el que da vitalidad y calor al cuerpo físico. Cuando el cuerpo vital comienza a deteriorarse, porque también está sujeto al tiempo, el cuerpo físico irá por el mismo camino. Las enfermedades como el cáncer, se deben en gran medida a irregularidades a nivel del cuerpo etérico u otros cuerpos superiores. Cuando se da la muerte del cuerpo físico, el cuerpo vital también se desintegra (pues sostiene al cuerpo físico). Después está el «cuerpo astral», que es el vehículo de las emociones. Su energía es más sutil que la del cuerpo etérico. A continuación está el «cuerpo mental», cuya función es la de formar la base energética donde se asienta el pensamiento concreto. No muere ni se desintegra cuando ocurre la muerte física. Finalmente está el «cuerpo causal», que es el nivel sede del yo superior, el manas superior. Su dimensión depende del grado de evolución de cada individuo. Se percibe a través de la intuición.

Aclarado lo anterior, y considerando que cada color (luz, vibración) tiene un poder sanador, la cromoterapia es una técnica curativa que se basa en la concepción de que las vibraciones que generan los colores –las llamadas “ondas cromáticas”– afectan e influyen en el cuerpo del ser humano y los sutiles campos o cuerpos de energía que lo rodean. Estos campos conocidos desde la antigüedad como “éteres vitales” (explicados en párrafo anterior), son un medio de transferencia energética y el fundamento de la salud física, emocional y mental de las personas. Al actuar debidamente sobre ellos y los chacras, es posible corregir y equilibrar desarreglos orgánicos y sicológicos. Obviamente que si esto se hace sin los debidos conocimientos y experiencia, se puede causar daño.

En general, una buena relación con los colores contribuye a la salud y bienestar de las personas. De hecho, cada persona que se viste libremente, lo hace con los colores que le faltan –como una medida compensatoria– para lograr una mejor armonía y estabilidad. En realidad la ropa delata el estado de salud de las personas. Lo propio ocurre con los alimentos, cada cual con su color, puede aportar a la salud. La variedad de colores en la comida es garantía de salud. Por ejemplo, cuando se come fruta nos nutrimos de un color (sus energías asociadas). Y si se aprecian los demás vegetales, árboles y flores, se constata que la naturaleza es puro color; a través de ella nos nutrimos de colores (y de sus correspondientes energías sanadoras).

*Tito Lazo es publicista, magíster en gestión cultural, terapeuta cromoluz y amante  de la astrología.

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