Caballos, elefantes y pavos reales: los animales de Alejandro Magno

Alejandro Magno estaba al parecer fascinado con todo aquello que pudiera ser visto como un símbolo de poder. Los relatos sobre su interés por los animales son asimismo bien conocidos. Probablemente se sintiera intrigado por algunas especies como magníficas criaturas de los dioses, como posibles maestros y por cualquier otra cosa que pudiera interpretarse de ellos partiendo de su aspecto y comportamiento.

Los poderosos elefantes

Alejandro probablemente vio elefantes por primera vez en el transcurso de la batalla de Gaugamela, en el año 331 a. C. Los impresionantes elefantes de guerra persas fascinaron al joven rey. Se cree que los persas desplegaron unos quince de estos animales en la batalla. Cuando Alejandro alcanzó la victoria, se apoderó de todos ellos. Pasó cierto tiempo observando a estos animales, y es bien sabido que admiraba en verdad tanto su fuerza como su inteligencia.

Ilustración medieval del siglo XIV en la que Alejandro parece pasar revista a un grupo de elefantes. (Public Domain)

Ilustración medieval del siglo XIV en la que Alejandro parece pasar revista a un grupo de elefantes. ( Public Domain )

A causa de su devoción por este animal, la imagen del elefante fue utilizada a menudo como símbolo del poder de Alejandro. Llegó incluso a acuñar una serie de monedas en la que aparecían estos animales. Finalmente, su ejército acabaría consiguiendo aún más elefantes de guerra, bestias que gozaban de una elevada reputación entre sus tropas. Cuando Alejandro alcanzó el territorio de lo que hoy es Pakistán, su ejército ya estaba muy familiarizado con los elefantes.

Moneda de plata en la que se conmemoran las victorias de Alejandro Magno, c. 322 a. C. (Public Domain)

Moneda de plata en la que se conmemoran las victorias de Alejandro Magno, c. 322 a. C. ( Public Domain )

Alejandro utilizó elefantes para vencer en la batalla del río Hidaspes en el 326 a. C. Desgraciadamente, muchos de estos magníficos animales murieron en ambos bandos (el rey Poros también contaba con elefantes en su ejército), pero aun así la batalla se convirtió en uno de los mayores logros militares de Alejandro.

La falange ataca el centro enemigo en la batalla del río Hidaspes, ilustración de André Castaigne (1898–1899). (Public Domain)

La falange ataca el centro enemigo en la batalla del río Hidaspes, ilustración de André Castaigne (1898–1899). ( Public Domain )

Bucéfalo: el bravo compañero de Alejandro

El caballo de Alejandro Magno aparece representado con él en el famoso mosaico de Pompeya. Se cuenta una historia en los antiguos textos que explicaría cómo Alejandro se convirtió en el dueño de este caballo único. Los registros históricos relacionados con los caballos de los antiguos reyes son escasos, pero Bucéfalo era tan singular que incluso los más grandes historiadores de la antigüedad escribieron sobre él. Citamos a Plutarco de Queronea:

[6.1] Trajo un Tésalo llamado Filonico el caballo Bucéfalo para venderlo a Filipo en trece talentos, y, habiendo bajado a un descampado para probarlo, pareció áspero y enteramente indómito, sin admitir jinete ni sufrir la voz de ninguno de los que acompañaban a Filipo, sino que a todos se les ponía de manos.
[6.2] Desagradóle a Filipo, y dio orden de que se lo llevaran por ser fiero e indócil; pero Alejandro, que se hallaba presente: “¡Qué caballo pierden- dijo-, sólo por no tener conocimiento ni resolución para manejarle!”
[6.3] Filipo al principio calló; mas habiéndolo repetido, lastimándose de ello muchas veces: “Increpas- le replicó- a los que tienen más años que tú, como si supieras o pudieras manejar mejor el caballo”.
[6.4] A lo que contestó: “Éste ya se ve que lo manejaré mejor que nadie”. “Si no salieres con tu intento- continuó el padre- ¿cuál ha de ser la pena de tu temeridad?” “Por Júpiter- dijo-, pagaré el precio del caballo”.
[6.5] Echáronse a reír, y, convenidos en la cantidad, marchó al punto adonde estaba el caballo, tomóle por las riendas y, volviéndole, le puso frente al sol, pensando, según parece, que el caballo, por ver su sombra, que caía y se movía junto a sí, era por lo que se inquietaba.
[6.6] Pasóle después la mano y le halagó por un momento, y viendo que tenía fuego y bríos, se quitó poco a poco el manto, arrojándolo al suelo, y de un salto montó en él sin dificultad.
[6.7] Tiró un poco al principio del freno, y sin castigarle ni aun tocarle le hizo estarse quedo. 

‘Alejandro domando a Bucéfalo’, fresco de Francesco Primaticcio (1544) (Public Domain)

‘Alejandro domando a Bucéfalo’, fresco de Francesco Primaticcio (1544) ( Public Domain )

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