Aprende a dar, para poder pedir

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Aprende a dar, para poder pedir

Muchas personas andan por la vida con sed que los demás deben saciarles, se sienten en la posición de merecedores de todo sin realizar el más mínimo esfuerzo por contribuir. Si no sabemos dar de nosotros, no podemos pretender que podemos exigir a quienes nos rodean o esperar resultados que solo resulten en un beneficio propio.

Es cierto que damos sin la intención de recibir algo a cambio (hermosa teoría), pero lo cierto es que en las relaciones, en cualquiera de sus tipos, las acciones deben ser recíprocas con el fin de obtener un equilibrio y que ninguna de las partes se sienta explotada o utilizada.

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No generar desgaste trae consigo aprender a dar de nosotros, dejar nuestros intereses a un lado para llegar a acuerdos, para satisfacer a otros, para ver una sonrisa en el rosto de otra persona. Pero quien todo lo quiere para sí, hasta eso le parece un sacrificio. Se siente normalmente como que de todo debe obtener un beneficio personal, porque si no, no vale la pena, sin darse cuenta de que se cosecha lo que se siembra y quizás no está viendo el beneficio directo en lo que hace, pero de seguro le traerá satisfacciones de vuelta.

Pedir es sencillo, exigir, manifestar nuestro desacuerdo con respecto a lo que estamos recibiendo, lo difícil es ver hacia nosotros mismos y evaluar la calidad de lo que ofrecemos, qué estamos dándole a la vida que nos está dando eso a cambio.

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Solo cuando logramos dar lo mejor de nosotros mismos, más allá de nuestros intereses, es cuando ni siquiera vamos a tener que detenernos a criticar lo que recibimos, porque seguramente será de nuestro agrado.

Si ofrecemos con mezquindad, recibiremos con mezquindad, si damos lo que nos sobra, recibiremos lo que le sobra a los demás, si queremos guardarnos lo mejor para nosotros, los demás harán lo propio con respecto a nosotros.

Dar es lo que abre la puerta para recibir. ― Florence Scovel Shinn

 

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Demos a la vida y a quienes nos rodean lo mejor de nosotros, sin reparos, con generosidad y no exijamos a los demás lo que nos parece deberían ofrecernos, recordemos que cada uno de nosotros está en un proceso personal de crecimiento, de trabajo interior, pero el más importante para cada uno es el nuestro, es desde allí es desde donde debemos trabajar, justamente para cosechar aquello que sembremos.

 

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