Anticonceptivos y control de natalidad en el antiguo Egipto

Resulta difícil creer que los antiguos egipcios, una cultura absolutamente obsesionada con la conservación de la vida tras la muerte, estuviesen preocupados por la prevención del embarazo. Pero de hecho fueron una de las primeras antiguas civilizaciones que emplearon con éxito métodos para el control de la natalidad.

La actitud de los antiguos egipcios frente a la vida

Recientes excavaciones en cámaras funerarias del antiguo Egipto revelan que aquel pueblo prestaba una gran atención a la preparación para la vida tras la muerte. Eran tan meticulosos a la hora de preparar a un cuerpo para su enterramiento que da la impresión de que valoraban la muerte aún más que la propia vida.

Por morbosos que puedan parecernos los egipcios basándonos en sus prácticas funerarias, esta compleja sociedad valoraba todos los aspectos de la vida. La poesía del antiguo Egipto captura la esencia de la actitud con la que los egipcios afrontaban la vida:

No dejes que tu corazón se turbe
durante tu paso por la Tierra,
pero aprovecha el día mientras puedas.

Las leyes de Ma’at, también llamadas las 42 Confesiones Negativas, proporcionan asimismo información sobre la actitud de los egipcios ante la vida. Una de ellas, que expresa claramente la importancia de la vida en el antiguo Egipto, puede traducirse como sigue:

No he matado a nadie.

Papiro en el que podemos observar una ilustración de la diosa alada Ma’at (CC BY- NC-ND 2.0)

Papiro en el que podemos observar una ilustración de la diosa alada Ma’at ( CC BY- NC-ND 2.0 )

Aunque parece otorgarse un gran valor a las vidas de hombres y mujeres en la sociedad del antiguo Egipto, esta idea podría haber sido más laxa en lo relacionado con los niños aún no nacidos. A diferencia de las posteriores sociedades monoteístas, que mantenían firmes objeciones contra la evitación del embarazo, esta cultura politeísta aconsejaba la prevención de la gestación, y llegó incluso a desarrollar algunas de las primeras formas de anticonceptivos.

Las mujeres del antiguo Egipto parecen haber tenido más control sobre sus cuerpos que la mayoría de mujeres a lo largo de los siglos. La capacidad de decidir si tener hijos o no era algo que las mujeres de aquella cultura poseían libremente, sin repercusiones religiosas ni interferencias del gobierno.

La fertilidad de la tierra y la fertilidad de la mujer

El río Nilo era la fuente principal de subsistencia de la región antiguamente, y los egipcios lo veneraban por su limo dador de vida que traía la fertilidad a una tierra seca. Era también una importante vía de comercio y un ecosistema que albergaba una amplia variedad de flora y fauna.

El Nilo traía consigo además abundante pescado que los egipcios consumían como fuente de proteínas. Y lo que es más importante, el propio río era vital porque permitía cultivar los campos para obtener comida y tejidos, con productos como trigo, lino y papiro.

Aunque el Nilo era esencial para la subsistencia y la vida en el antiguo Egipto, sus crecidas eran bastante impredecibles. Los egipcios no eran víctimas de estas cambiantes inundaciones, no obstante. Aplicaban la ciencia a su agricultura y desarrollaron lo que conocemos hoy en día como Nilómetro, un dispositivo que registraba los niveles de las crecidas para determinar cómo sembrarían y cosecharían los campesinos sus cultivos y cuánto deberían pagar en concepto de impuestos.

‘Exequias de un gato egipcio’, óleo de John Reinhard Weguelin, 1886. (Dominio público)

‘Exequias de un gato egipcio’, óleo de John Reinhard Weguelin, 1886. ( Dominio público )

Con este conocimiento de cómo controlar el Nilo, no debería sorprendernos que los egipcios pudieran además predecir la fertilidad de las mujeres de forma precisa empleando un ‘test de embarazo’ natural. El método del antiguo Egipto para saber si una mujer estaba embarazada era bastante rudimentario para los estándares modernos, pero aun así era efectivo a la hora de averiguar si una mujer estaba embarazada.

Según los arqueólogos, las mujeres egipcias metían cebada y trigo en una vasija cerámica, las mezclaban con su orina y sellaban el recipiente durante unos tres días. Si pasados los tres días no había brotes, se podía deducir con seguridad que la mujer no estaba embarazada. Si los había, entonces la mujer estaba muy probablemente embarazada. Los niveles elevados de estrógenos eran lo que provocaba que las semillas germinaran.

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